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Dra. Lourdes Quiroga Etienne

Dra. Lourdes Quiroga Etienne

Trabaja a favor de la cultura y trabajarás en contra de la guerra

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Cartas a Chuleta

julio 11, 2026 por Lourdes Quiroga

Cartas a chuleta
Lourdes Quiroga – Cartas a chuleta

Entonces, hace aproximadamente 15 años…

Teníamos a Rafaela, Chicharrón, Calambas, Pimienta, Ramón, Chuleta; estaban por llegar: Tomasa, Taco, Salsa, Muñeca, Chita. 

Al llegar a los Cántaros, casa de campo de Chantal, ¡ilusión! La primera casa fuera de la ciudad. Todas se bajaban de las camionetas, corriendo, ladrando, felices. Calambas y Chuleta tenían por costumbre dar al menos diez vueltas a la alberca, persiguiéndose a toda velocidad. Pimienta, siempre de agua, se metía a la alberca. 

Pimienta y muñeca no se han querido, pero se saben parte de la misma familia y hay que convivir, ni modo. Las demás compiten por la comida, hay que estar pendientes para que no se roben la comida de las demás a la menor provocación. 

Rafaela se nos fue en 2018, duro golpe. Ramón partió el 1 diciembre de 2024, terrible. 

Chicharrón tiene cáncer, lo operaron y está controlado; perro gigante de antaño 50 kilos, hoy, unos 42. 

Pero lo que no podemos creer: Chuleta, “la inmortal”, a la que “le vamos a dejar toda la herencia con pony (yo) porque no se enferman ni se quejan de nada y serán eternas”; ella, mi compañera de bromas y eternidad, tiene cáncer terminal, de hígado. Así, de la nada, en un día dan un diagnóstico fatal.  En sus 15 años fue una vez al veterinario. Hoy, solo queda escoger el día en que partirá.

A Chantal no le gusta el futbol, pero le apasiona el mundial. Hoy, la experiencia es contradictoria, rara. Sigue México en la competencia, felices por eso, pero tuvieron que operar a Chicharrón. Queda a salvo por el momento, pero sigue la angustia.

A Tomasa tampoco le va muy bien. Tiene cushing, una rara enfermedad desde muy chiquita y va mal; es crónico. 

Pimienta, la lleva, la llevamos, por disciplina, por amor, de otro modo, no estaría aquí. 

A Calambas ya no le sale pelito; descansa mucho y su hambre es voraz. No debe subir de peso y nos duele saber q pasa largos ratos con hambre, verán si es la tiroides. Lo que es seguro y comprobado es que tiene una enfermedad hepática, por lo pronto, lodo biliar. 

Ahora, cuando llegamos a Los Cántaros o a Las Ventanas, las ayudamos bajar de las camionetas y llevamos más frascos de medicina que los de nosotras y cada una tiene diferente alimento de acuerdo a su condición.

Duele, se nos van yendo. En aquél 2012, 2013, 2015, ¿quién lo hubiera creído? Todas con 11, 12, 13 años menos; a correr, ladrar, entrar a la alberca, y nosotras, festejar la vida. 

Hoy, los años han pasado y solo chita y salsa nos recuerdan que aquello fue, que sus hermanas ya se están yendo y que hay que vivir por ellas pero también por nosotras. 

El humano no piensa, no pensamos en el fin. Las rescatamos chiquitas y casi al mismo tiempo. Hoy envejecen y se van enfermando, se hacen lentas, requieren de ayuda y finalmente, nos dejan. Es muy difícil, duele enormemente. 

Mi canción favorita es una de Juan Gabriel que dice: “Hasta dios perdona pero el tiempo a ninguno”. 

Despedimos a otra de las nuestras, con honores: nuestra eterna, la que iba a estar conmigo para siempre; nuestra cazadora, nuestra perrita con estola incluida, nuestra callejera.  La que más, decíamos: “no pasa por fina por nada del mundo”; nuestra escapista. Nuestra temerosa de cohetes y lluvia con rayos. 

Muy pronto, adiós, Chuleta. Gracias por todo, chiquita nuestra.

Cartas a chuleta
Lourdes Quiroga – Cartas a chuleta

Ya me voy

Sé que me extrañarán. Sé que es condición humana no entender ni aceptar que un día, la vida se acaba. Y lloran y lo sienten mucho. Lo entiendo. Gracias por quererme tanto. Gracias mamá, Chantal hermosa. Mucho me quisiste, hasta me diste por inmortal. Fue ilusión, como la de toda mi gran familia. Nunca fue así. Me iría, como todos y todas. 

Tengo algo que decirles: 

Gracias. La mayor parte de los humanos son enormemente desagradecidos. Yo fui rescatada y mi vida cambió para siempre. Gracias mamá, Chantal, por darme una familia amorosa. 

No olviden recordarme, así, no moriré; uno muere cuando se le olvida. 

Tomen mi vida como ejemplo de paz, de lucha por la vida. Yo hubiera muerto pronto, pero luché, conseguí comida a como dio lugar, y no sólo para mí, sino para Ramón, más grande y fuerte que yo.

Me apartaba del ruido y de la gente, sólo por la noche salía a cazar mis sapos y a explorar en la que para mí era una selva… el lago de nuestros cántaros. Es que cuando uno valora lo que tiene y nunca imaginó tener, valora. Esto da para la reflexión. 

Piensen, entren en sí mismas y vuelvan a pensar de cuánto se pierden porque siempre están esperando algo más, alguna novedad, pocas veces se asombran y ni cuenta se dan de que la mayor parte del tiempo se pierden la vida. 

Valoro su amor, su entrega, su cercanía. Siento su tristeza y la comprendo, pero quédense con las que serían mis palabras que la verdad, afortunadamente no tengo. Las palabras nos sobran a los animales porque vemos que confunden, que casi siempre se mal entienden, se mal interpretan. 

Así, no tengo palabras ni tampoco su forma de pensamiento. Alguien que me quiere mucho, ahora mismo las imagina por mi. Es mi tía. 

Les dejo mi mirada, mi presencia sorpresiva, mi enorme cariño, mi amor, aún cuando era distante, un poquito desconfiado, pero en ustedes con el tiempo, confié. 

Me veré allá en una nube celestial con Ramón y Rafaela que  me pedirán noticias del mundo terrenal, de ustedes; se las daré. Compartiremos que tuvimos una hermosa familia que nos dio antes que nada, amor. 

Vendrán en algún momento, quizá no tan tarde, mis primas y hermanas, casi todas pertenecemos a la misma generación, partiremos casi juntas, siempre. 

Vengan nuestras nuevas y futuras hermanas de especie a darles alegrías y sonrisa a ustedes, amantes de nosotras. Trascenderemos. 

Eso si, nunca van a poder olvidar que nosotras, con ustedes, fuimos las originales, las primeras; las que les enseñamos del amor verdadero, leal, fiel, permanente. Las que las reciben con amor y festividad al escuchar su entrada por la puerta de la casa, después de larga jornada, ~que también hacen por nosotras~ como si fuera el primer o el último día que nos veríamos. 

Confío en su recuerdo. Las quiero. Las amo mucho. Hasta siempre. Allá nos vemos.

Dra. Lourdes Quiroga Etienne

Psicóloga. Psicoterapeuta. Psicoanalista

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