
La noche triste
Y de repente, viendo la chimenea, aquí en Los Cántaros, me vino el recuerdo histórico de Cuauhtémoc, a quien le quemaron los pies los españoles por no confesar donde escondían los tesoros de la Gran Tenochtitlán. Fue la noche triste. Y me pregunté por la extraña idea, venida, aparentemente de la nada. Pero no, nada viene de la nada, menos para una psicoanalista.
La noche triste es hoy, veo como apenas a una semana de despedir a Chuleta, estamos cerca de decir adiós para siempre a otro de los nuestros, el más amado de Chantal, el de nuestro corazón, Chicharrón.
La noche triste. Chicharrón, como casi todos los canes, solo ven a los ojos a sus dueños. Hoy, tuve que salir de la palapa trasera -donde estábamos todas- a la cabaña, ahí se había ido Chicharrón, silencioso, despacio, en calma. Lo encontré y me senté despacio junto a él. Le hablé, le agradecí, lloré, le dije cuantas experiencias nos regaló, cuánto nos dio, le hablé de mis recuerdos con él, de sus carreras en esta casa hermosa. Gracias Chicharrón. Estás esperando a que podamos dejarte partir. Es muy difícil, pero estamos en eso.
Ya todas están grandes. Esta tarde y noche han sido el único tema. Recuerdos, risas, travesuras, sustos, una vida.
Hoy nos dan noticia de cancer en Muñeca, de quien seguramente Chantal se tomaría para soportar este dolor, pero decimos, NO! Lucharemos por ella, algo se tiene que hacer, la vida no nos puede hacer esto, estamos seguras, queremos creerlo.
Hay momentos en que la vida te pone la cara dura, este es uno de ellos. Yo escribo esta noche triste para soportar el dolor que lacera. Paciencia, nuestro Chicharrón, estamos tratando.
Eres nuestro héroe para siempre. Te tenemos en nuestro corazón.

Me fui
Sé que les dejo profundo dolor. Se que pasará tiempo para que dejen de llorar mi ausencia, sobretodo mi mamá Chantal, “Chantal y mamá “, me llevo esa frase tarareada por mi hermosa mamá que tanto me quiso.
Me fui rápido. Les di un hermoso viernes 31 de julio. El 1 de agosto les dejé ver que tenía que abandonarlas, que me iba a reunir con Rafaela, Ramón y Chuleta, que ya estaba cansado y que como saben, luché hasta el final.
Me tranquilicé desde la primera inyección, sentí calma, no podía más. Lo siento. Tuve una larga y hermosa vida, llena de cariño, miradas, atenciones, juegos y más que nada, amor a manos llenas. Gracias. Primero que nada a mi mamá linda y luego, a toda mi hermosa familia que siempre estuvo ahí.
A mi también me fue difícil, por eso esperé tanto. Tuve que decidir irme porque sabía que ustedes no podían hacerlo. Las quiero muchísimo. Gracias nuevamente.
Vean al cielo, ahí me encontrarán con mis hermanitas y mi hermano. Ahí las esperamos para reunirnos en otro lugar, uno de más paz, aunque ese mundo en el que vivimos juntos y juntas fue también indescriptiblemente hermoso. Ahí queda el corazón del rey, para siempre. Nos encontraremos algún día.
