
Hablaremos aquí del video que hizo hace pocos días el sobrino de un usurero, misógino, canino de extranjero, abusivo, homofóbico y cínico, por decir lo menos. Si no nombro al tío y tampoco al sobrino es porque seguramente todo el mundo sabe a quien me refiero y también porque no vale la pena mencionarlos, son demasiado vulgares, corrientes e ignorantes, como para darles nombre, aquí, uno y otro serán los “sinnombre”.
No es poca cosa quitarle el nombre a alguien, porque lo que realmente se le está arrebatando – al menos aquí, momentáneamente – es la identidad, su lugar en el mundo y su existencia, a partir de ser nombrados.
El sobrino (ese sí, un nini) del vulgar personaje siempre traidor a la patria, salió burlón a presentarse al mundo, pero principalmente al pueblo de México, para reírse de la pobreza, de las personas de niveles sociales que no pertenecen a su élite, esto es, de casi todas y todos, porque en realidad, la mayoría vivimos decentemente de nuestros ingresos, ganados en forma lícita y no nos quedamos de manera abusiva, con dinero que en realidad no es nuestro, es de otros, porque adquirimos compromisos que hay que saldar.
Ellos, esa familia que da la impresión de que nació maldita, tiene mucho porque roba desde hace generaciones; porque se adueña de lo de los demás: dinero, tierra, bienes, instalaciones, tiempo: sus empleados trabajan en condiciones de precarización laboral, y cuando alguien se niega al abuso o los contrarían, se adueñan incluso de sus vidas, sin vergüenza ni culpa. Así viven, ese es su estilo.
Siempre han sido vulgares, ni los de esa alta clase social de nuestro país tienen relación con ellos, dan vergüenza y, ¿Cómo no? El título de este breve artículo se escribe desde mi indignación. ¿Cómo es posible que ese tipo nefasto, rico de origen, porque jamás ha sabido lo que es el trabajo, haya salido con unos calzones con los colores de la bandera de México y el águila en medio, exactamente cubriendo los genitales?
Desvergüenza significa decir y hacer cosas de forma pública sin sentir culpa ni pena. Irónico es aquel que procede de manera soez y hace comentarios burlones sobre ideales y valores prácticamente intocables para todo un pueblo. Y ahí estaba el tipo, caminando de un lado para el otro, hablando de lo que ignora absolutamente: del capitalismo, de Latinoamérica, de Cuba, de Venezuela, gritando y exponiendo su riqueza – que no es de él, ahí le tocó nacer – y dando consejos a carcajadas, diciendo que no compremos nada y nos vayamos a Cuba a vivir, si no queremos inscribirnos al mundo del capitalismo salvaje, a su mundo perverso y voraz.
Y ahí apareció, en el barco del canino del extranjero naranja, uno de los miserables de esa familia – ellos y ellas – usando nuestro lábaro patrio de calzón. Y, ¿Para qué sirve un calzón? Es una prenda íntima que puede recibir desechos, secreciones que deben contenerse ahí, en esa prenda precisamente; a querer o no, de algún modo, el calzón recibe algo de lo sucio que expele el organismo humano. Y al quedar sucia, se tira al bote correspondiente, junto a otras prendas que requieren de lavado. Ahí, entre calcetines sucios y playeras húmedas, que quizá se usaron para ejercitarse, quedó la bandera de este vulgar, que nada sabe de dignidad y menos de honor, cuando su día terminó y aventó su calzón.
Qué falla de juicio; qué falta de respeto a la patria, al pueblo, a los símbolos que nos representan. Esas vulgaridades habría que dejárselas a los del país del norte, esos sí que traen la bandera de calzón en cualquier momento y lugar. La diferencia es que nuestro pueblo tiene honor, historia, cultura, tradición, orgullo, pero con esta acción prosaica nos queda claro que ni él, si sus antecesores y seguramente tampoco su estirpe, tienen ni tendrán respeto, ni dignidad, ni educación.
El nivel de estupidez de este sujeto es también muy importante. Su incapacidad para reflexionar es total; no puede considerar y mucho menos procesar posturas ajenas. No se pone a pensar si en verdad todos queremos un yate o un avión, lo da por hecho; y si todos, forzosamente quisiéramos ir a E.U. a tomarnos fotos con su presidente pederasta, para después presumirla en redes sociales diciendo que fue invitado. Mentirosos, ni fueron invitados, ni subió la foto. Compró el boleto para la cena y no logró la venia del tal mandatario tiránico para salir con él, ni siquiera en una selfie. No, seguramente la mayoría no quisiéramos eso porque no es bueno ni digno rebajarse.
¡Qué terrible! Cuando una/uno piensa que de esa familia ya se vio lo peor, aparece un nuevo escándalo que palidece al anterior. Qué cinismo, qué ignorancia supina, qué estupidez, qué desvergüenza. No se merecen este país enorme y orgulloso en el que sabemos que mucho tenemos que resolver, pero que nos ha dado tanto, que lo amamos y respetamos, al igual que a nuestros símbolos patrios.
Se te debería caer la cara de vergüenza nini, pero no, no ocurrirá porque por tus venas solo corre odio y desprecio.
