
El odio en relación con el objeto es más antiguo que el amor
Sigmund Freud
Pulsiones y destinos de pulsión
¿Y quién al escuchar a la derecha en México, nuestro país – Alejandro Moreno, Jorge Romero, Ricardo Anaya, Lili Tellez, Ricardo Salinas Pliego, Carlos Loret de Mola, Azucena Uresti, Javier Alatorre, Brozo, Raymundo Riva Palacio, Ciro Gómez Leyva, Carlos Marín, Carlos Alazraki, Vicente Fox, Felipe Calderón, entre otros miles de corruptos/podridos, o de cualquier otra geografía, podría poner en duda la frase de Freud con la que se inaugura este artículo? ¿Y quién al escuchar y observar al energúmeno, pederasta de la Casa Blanca, al genocida Netanyahu, al psicótico/perverso Milei, al homicida, omnipotente Abelardo de la Espriella, al pinochetista, Kast, a Keiko Fujimori, corrupta, hija de un criminal que gobernó Perú, tal como lo hace ella hoy; a Daniel Noboa, narcotraficante platanero, a Nasry Asfura, cómplice de delincuentes como Juan Orlando Hernández, pondría en entredicho la polémica, pero certera frase del Maestro vienés? Y solo menciono a algunos, tratar de nombrar a todos sería casi imposible.
Quizá precisamente son estos, los conservadores, los que tienden a negar el odio aunque lo practiquen a diario con su intolerancia, su mala fe, su clasismo, su racismo, su desprecio, su sentimiento de superioridad, su olvido de la gente y de sus pueblos que, aunque prácticamente mueran de hambre y sus necesidades básicas queden lejos de ser satisfechas, ellos voltean para otro lado, los culpan: “son pobres porque quieren”, presumen sus yates, sus lujos, sus vidas extraordinarias logradas a base de la explotación de los pobres, logradas a base de la precarización del trabajo de sus empleados, que tienen horarios de esclavos y que si reclaman, son fácilmente desechados y sustituidos; esclavitud del siglo XXI, le llamo yo. Eso sí, son muy moralistas y andan con el lema franquista: “Patria, familia y libertad”, desde ahí, dan horror, mucha moral y nula postura ética.
Y así hemos pasado décadas en México: abuso, olvido, desprecio al pueblo que es y somos quienes mantenemos este país. Llegó por fin nuestro tiempo, 2018. Treinta millones de mexicanos votando por uno de los grandes humanistas de la historia y un verdadero estadista. Su nombre, algún día, estará en letras de oro en el congreso, pero, quién sabe, él no quiere oropel.
Andrés Manuel López Obrador, nuestro AMLO, nuestro “cabecita de algodón”, es amado por la mayoría. Es falso que nuestro país está polarizado, más del 70% de la población está a favor de la 4T. Y es amado porque no mintió y no traicionó, porque volteó a ver al pueblo y sacó de la pobreza a más de 13 millones de mexicanos. Es adorado.
Ahora está en retiro, en su finca “La Chingada”, allá, en Palenque, Chiapas. Sale poco, habla menos, es discreto y cumple su promesa de no opinar de política salvo en ocasiones urgentes. Los comentócratas dicen que cayó en el olvido, que no sale porque teme los ataques, que se le odia, que no podría caminar por una calle sin ser vituperado. ¿De verdad creen eso? ¿O no será que el odio del que hablamos al inicio los domina? ¿No será que perder sus privilegios los ha hecho perder la cabeza? ¿No será que jamás lograron mezclar sus pulsiones agresivas con las libidinales, su odio con su capacidad de amar, pues, y debido a eso quedan dominados por el odio? Y desde ahí mienten, calumnian, inventan, difaman. ¿Cómo? Deben preguntarse, ¿Cómo esos, los humildes, los del color de la tierra, los que no visten ropa de marca ni viven en colonias privilegiadas van a tener derechos, van a tener algo que no sea lo más básico y corriente? ¿Cómo? ¿Podrían algún día mirarnos de frente, sin bajar la cabeza? Y En ese momento pierden exactamente eso, la cabeza, los estribos. Sale su ser más primitivo, ese que a todos nos habita, pero que algunos integramos y así logramos mezclar eso primitivo con lo porvenir, ese odio original con el amor, que debe construirse.
Este grupo de conservadores tiene una pasión: la ignorancia. Y más que la élite, sus seguidores, fieles a sus patrones/dueños, ignoran casi todo, no quieren enterarse; quieren creer lo que sus dueños les dicen, creer sus cuentos. Es que tienen la esperanza de que un día, cuando triunfen las ideas conservadoras y tomen el poder, sus superiores se acordarán de ellos y serán parte del grupo de los privilegiados, no tienen idea o no quieren enterarse de que jamás ocurrirá. Ignoran la historia, la corrupción, los abusos, el despojo que hicieron de nuestro país los que están en la cima, la trampa, la mentira, el deshonor; esos desposeídos cuidan la fortaleza con rabia, como cadeneros de antro… pero duermen afuera.
He dicho que todos albergamos destructividad, agresión, odio, indudablemente. La frase de Freud, ya lo mencioné, es aparentemente terrible, pesimista. A mi me parece un valioso enunciado porque, digo yo: Si primero fue el odio, el amor es una construcción.
Amar implica cuidar al otro, a los otros y otras de mí, de mis celos, rivalidad, envidia, superioridad, agresión, abuso, indiferencia, etc. Aquél que logra que predomine su amor sobre su odio, y aún más, aquél que puede investir el mundo y a los demás libidinalmente, mezclando sus pasiones originales (porque, ya dijimos, del odio no podemos librarnos del todo) y logrando que Eros eterno platónico ascienda sobre Tánatos, igualmente inmortal, dijo Freud en 1930, lo podríamos definir como virtuoso; nuestro hipotético individuo de este ejemplo, tiene mérito porque ha lidiado con un odio que lo constituye aún antes de que lo albergara su sentimiento amoroso. Cuida al otro de sí mismo. Esto es lo que logró el presidente López Obrador y esto es precisamente lo que no le perdonan los poderosos.
No, no es pulsión de perfeccionamiento (que Freud negó), es la capacidad de domeñar – hasta donde esto es posible – el mundo pulsional siempre pujante, insaciable, exigente, porque como sabemos, en el ello amoral no hay límites; tenemos un ejemplo vulgar; es un ejemplo de malignidad, de ser corriente, de no haber pasado por una educación que limitara, que enseñara el trabajo honesto y el respeto a los demás, tenemos a quien puede traicionar a su patria y a lo que sea necesario: Ricardo Salinas Pliego. Usurero, misógino, machista, corrupto, homofóbico, clasista, racista, vulgar, ignorante, rapaz, asesino, traicionero, cínico, ladrón, por decir lo menos.
Este sujeto – que pasará al basurero de la historia -, este canino de extranjero naranja, pederasta, se ha atrevido nuevamente a insultar al mejor presidente de la historia de México. Es que AMLO se atrevió a salir a la calle y luego a hablar sobre la corrupción de la oposición y sobre verdades del periodo neoliberal que – por cierto – solo escucharlas, lacera. Entonces, Salinas Pliego y toda la camarilla de la oposición, llenaron de insultos a aquél que quiso mirar a los otros con empatía y cariño, que no olvidó sus promesas, que con toda su fuerza buscó eliminar la corrupción y la injusticia y que ahora, en paz – esa que no conocen estos individuos vociferantes de la derecha – se presenta al que siempre será su pueblo leal y agradecido. Entre otros furibundos tenemos al nefasto personaje dueño de TV Azteca, que se hizo de la televisora a base de garrotes, pistolas, sicarios y abusos, protegido por el entonces presidente Vicente Fox, que, cuando se le preguntó por qué no hacía nada contra ese robo y despojó, respondió con desparpajo: Y yo, ¿Por qué? Increíble.
Hoy, desde su finca, el buen AMLO nos vuelve a dar cátedra y a recordar tantas cosas importantes que nunca se deberían olvidar. Aquellos que nacieron malditos, esto es, toda la derecha mexicana y sus secuaces, sus seguidores, se pusieron como locos, su odio se prendió con furia. A una/uno, solo le queda preguntarse: ¿Por qué tanta indignación? ¿Por qué tanto insulto? ¿No que a ellos ese señor les da igual? Dicen que su palabra no importa, que ya está “viejo” (muchos de los vociferantes tienen su edad o son mayores), que se ve terrible y no dice más que incongruencias. Entonces, ¿para qué responden incongruencias? ¿Por qué dialogan indirectamente con él? Nos confunden con tanta contradicción.
En realidad, su rabia los desborda, no pueden con él. AMLO sentado en una hermosa mecedora, meciéndose mientras habla y presenta su nuevo libro: Pueblo, mientras estos sujetos están al borde de un colapso nervioso o quizá, de un infarto que no quisiera desear, pero… no sé, creo que no alcanzo la posibilidad libidinal y la paz de nuestro “cabecita de algodón”, al que tanto agradecemos los que sí tenemos esa capacidad.
