
La labor docente es noble, la labor docente es una vocación. Vocación significa, llamado. Los docentes seguimos el llamado, ese que nos hace y nos marca la vida, nuestra historia, lo que sea. Enseñamos, transmitimos conocimiento y, al menos eso esperamos, ojalá pudiéramos inspirar.
Las maestras queremos educar, enseñar a pensar, enseñar a disentir, a consentir por convicción y no por sumisión. Queremos formar pensamiento crítico, tan necesario siempre, pero más hoy, porque vivimos un mundo plagado de fanatismos, ignorancia, falto de dudas, alienado, en general.
Solo con resistencia y cuestionamiento lograremos argumentar que la educación basada en dudas, preguntas, propuestas y, como se dijo antes, pensamiento crítico, es valiosa, de otro modo, la inteligencia artificial – más artificial que inteligente – ganará la batalla. Sería terrible, es posible.
La educación no debería tener como fin pasar un examen, ser el mejor alumno, obtener un título profesional, al menos, no debería ser lo principal; la educación debe importarnos para tener mayor conocimiento, no solo información. El conocimiento enriquece, amplía el horizonte, es vital. La información la comunica un superior a un subordinado que – hay que recordar -, no cuestiona ni debe cuestionar, solo tiene que obedecer.

La educación se acerca a la cultura y, por ende, a la libertad. La instrucción se liga a la obediencia y, así, a la esclavitud, al no pensamiento, a la no duda.
Dejemos atrás para siempre la “educación” de memoria. Demos por bienvenido al cuestionamiento, a la duda, al debate, a la disensión. No permitamos que nuestros núcleos narcisistas ganen y tildemos de arbitrarios o conflictivos a aquellos alumnos, alumnas que no acuerdan con la postura que les presentamos, ellos, ellas, son precisamente las que nos harán repensar ideas que hemos tenido por claras e inamovibles, y eso es enormemente valioso.
Agradezco hoy a mis grandes maestros, el más importante, Dr. Miguel Ángel Zarco Neri, ya nos dejó. Ha habido muchas, muchos, gracias a todas y todos, una no se hace sola, eso hay que recordarlo siempre.
Felicidades, compañeras y compañeros de batalla diaria. Enseñar hoy en este mundo fanático, contradictorio, plagado de mentiras y ofertas de que todo es fácil y rápido, es tarea titánica.
Enseñar hoy, con la inteligencia artificial como “compañera”, siempre ventajosa y seductora para muchos que quieren todo fácil e impoluto, además de tener la ventaja del no esfuerzo y el no cansancio, merece reconocimiento.
Sigamos enseñando, resistiendo, transmitiendo, inspirando, hasta donde esto nos sea posible.
¡Felicidades!

